La Generalitat ha localizado en las Islas Columbretes más de 30 monedas sin acuñar pertenecientes a un taller de falsificación de finales del siglo XVII. Así lo ha confirmado el secretario autonómico de Medio Ambiente y Territorio, en un comunicado de la Administración valenciana. Raúl Mérida ha destacado que este hallazgo “refuerza la teoría de la presencia o paso de piratería en la isla”.
Esta reserva natural ya figuraba en escritos de la antigua Grecia, pero no había constancia de que existieran asentamientos humanos hasta el siglo XIX, que es cuando se construyó el faro.
Las 33 monedas sin acuñar fueron localizadas el año pasado por la brigada de la reserva natural durante unos trabajos en los antiguos canales, destinados a recoger el agua de las lluvias para verterlas a un aljibe. Uno de los trabajadores, experto en numismática, detectó un pequeño trozo metálico de color verde, que por sus conocimientos en arqueología supo que era de bronce o /cobre y estaba cortado con cizalla.
Después, fue recogiendo más trozos, lo que se denominan retales y barritas de bronce, algunos milimétricos hasta que localizó un cospel, que es una pieza circular en el que se acuña la moneda. Al final, encontró una treintena de cospeles, todos ellos acumulados en una zona concreta de la explanada inmediata al cementerio.
Confirmación del hallazgo
Como ha explicado Raúl Mérida, este enclave es parque natural desde el 25 de enero de 1988 y se encuentra cerca de las costas de Castellón, a 28 millas del Cabo de Oropesa, “se trata de un pequeño archipiélago de origen volcánico a medio camino entre la Península y las Baleares”.
Este archipiélago, por su aislamiento y excelente estado de conservación, alberga varias especies animales y vegetales escasas en el resto del Mediterráneo, como la gaviota de Audouin, el halcón de Eleonora o la escasísima Reseda hookeri, y un número considerable de especies únicas en el mundo, como la lagartija de Columbretes o el mastuerzo marítimo de Columbretes.
Los fareros habitaron la isla de manera prácticamente ininterrumpida durante más de un siglo, en condiciones precarias, como demuestran las tumbas del pequeño cementerio de la isla, y aprovechaban intensamente todos los recursos que ofrecía un medio terrestre pobre y un fondo marino extraordinariamente rico.
La pequeña colonia de fareros y sus familias abandonaron las islas finalmente el 1975, año en que se automatizó el faro. “Desde entonces las islas quedan deshabitadas hasta la instalación de los primeros servicios de vigilancia establecidos por la Generalitat en 1987”, ha concluido el secretario autonómico de Medio Ambiente.