El 44,8% de los castellonenses valora positivamente la gestión del gobierno municipal que encabeza Begoña Carrasco, mientras que el 28,2% la considera mala o muy mala y un 14,1% la califica de regular. Así lo refleja la encuesta encargada por Actualidad Castellón a la empresa Demoscopia y Servicios SL. La encuesta fue realizada los días 25 y 26 de mayo de 2026 sobre una muestra de 600 entrevistas y un error muestral del ±4%. El 12,9% restante no responde o no tiene opinión formada.
El balance general es positivo para el equipo de gobierno popular. Quienes valoran la gestión como buena o muy buena casi duplican a quienes la suspenden. Un 20,7% la califica de muy buena y un 24,1% de buena, mientras que las valoraciones negativas se reparten entre el 19,3% que la considera mala y el 8,9% que la juzga muy mala. Es un resultado que, en el contexto de un gobierno local en su segundo mandato, refleja un nivel de aprobación ciudadana por encima de la media habitual en administraciones municipales.
El voto propio aprueba con holgura; la izquierda, con contundencia, suspende
El cruce por recuerdo de voto en las municipales de 2023 revela una polarización intensa. Entre los votantes del PP, el 74,9% valora positivamente la gestión, con un 37,1% que la califica de muy buena y un 37,8% de buena. Además, las valoraciones negativas entre su propio electorado son testimoniales: apenas el 5,3% la considera mala o muy mala. Es un dato de cohesión interna muy sólido. Así, esto explica, en parte, la alta fidelidad de voto que también recoge la estimación de intención de voto.
Entre los votantes de VOX, la valoración es igualmente favorable aunque con matices. El 68,8% la aprueba, con un 41,1% que la califica de buena y un 27,7% de muy buena. Solo el 9,6% la suspende. Este dato es relevante porque confirma que el electorado de VOX, pese a no pertenecer al partido de gobierno, reconoce mayoritariamente la labor del equipo de Carrasco. Por tanto, esto facilita la convivencia entre ambas formaciones en el pleno. Además, refuerza la estabilidad del pacto de investidura.
El cuadro se invierte radicalmente entre los votantes de izquierda. Entre quienes votaron al PSOE en 2023, el 54,7% suspende la gestión, con un contundente 42,9% que la califica directamente de mala. Solo el 12,2% la aprueba. Sin embargo, el rechazo es aún más pronunciado entre el electorado de Compromís: el 58,7% la valora negativamente, con un 31,8% de malas y un 26,9% de muy malas. Apenas el 6,5% de los votantes de la formación valencianista aprueba la gestión del gobierno municipal. Es la cifra más baja de todo el cruce.
Un suspenso que viene de la izquierda, un centro por conquistar
El 44,8% de valoración positiva es un dato sólido para cualquier gobierno en ejercicio. Su lectura mejora aún más cuando se analiza de dónde procede realmente el suspenso. El 28,2% que califica la gestión de mala o muy mala no es una señal de alarma transversal sino, esencialmente, el reflejo del rechazo ideológico de los electorados de PSOE y Compromís. Entre los votantes socialistas, el 54,7% la suspende. Entre los de Compromís, el 58,7%. Son cifras de rechazo intenso pero políticamente esperables. Difícilmente el electorado de la oposición va a aprobar la gestión del gobierno rival. Más significativo aún es lo que ocurre en el otro extremo: apenas el 5,3% de los votantes del PP y el 9,6% de los de VOX valoran negativamente la gestión. En realidad, el suspenso global tiene nombre y apellidos ideológicos muy concretos.
El terreno donde se dirime el futuro electoral no es ni la base propia, ya consolidada, ni el rechazo de la izquierda, estructural e inevitable. Es ese 42% del voto no alineado que aprueba la gestión con nota discreta y sin entusiasmo. Es el votante de centro, que en 2023 se repartió entre opciones minoritarias o se quedó en casa. Hoy valora positivamente la gestión, pero todavía no ha decidido si eso se traduce en voto al PP. Por tanto, convertir ese aprobado tibio en apoyo electoral activo es el principal reto del equipo de Carrasco de cara a unas hipotéticas elecciones. Probablemente es la única vía real hacia ese decimocuarto concejal que los datos actuales aún no garantizan.
El voto a la fuga
El porcentaje de no respuesta, que alcanza el 12,9% en el conjunto de la muestra pero sube al 15,1% entre votantes del PSOE y al 16,2% entre los de Compromís, apunta a un cierto desenganche de parte del electorado de izquierda respecto a la política municipal. No es rechazo explícito, pero tampoco es implicación. En un contexto en el que la abstención es el principal factor de recomposición del mapa electoral castellonense, ese desenganche es un dato que los partidos de la oposición no pueden ignorar.
Los tres módulos de la encuesta (estimación de voto, valoración de candidatos y valoración de gestión) dibujan un retrato coherente y sin contradicciones. Castellón tiene un gobierno que gestiona con aprobación suficiente, una alcaldesa que genera adhesión más allá de su propio electorado y un partido que crece sin haber tocado techo visible. Frente a ese escenario, la oposición de izquierdas suma rechazo a la gestión pero no lo convierte en proyecto alternativo, y la derecha de VOX cumple su papel de socio sin crecer ni menguar. El mapa político de Castellón no está en movimiento sísmico, pero sí en deriva sostenida hacia el PP. Y mientras el voto de centro siga sin encontrar una opción que le convenza plenamente, esa deriva tiene pocas razones para detenerse.


