Las personas sin hogar han reivindicado este jueves sus derechos y su dignidad en la plaza Huerto Sogueros de Castellón. El acto, convocado por Cáritas Diocesana de Segorbe-Castellón, ha reclamado políticas públicas que garanticen el acceso a la vivienda, el empleo, la salud y la protección social.
La movilización forma parte de la campaña «Un hogar, un lugar al que pertenecer», impulsada con motivo del Día de las Personas sin Hogar. La jornada se celebrará este domingo, 25 de octubre.
Un hogar es más que una vivienda
Hugo, un joven argentino que reside en la Casa de Acogida San Pascual «El Pati» de Vila-real, ha leído el manifiesto. Este recurso asistencial pertenece a Cáritas Diocesana de Segorbe-Castellón.
El texto reivindica que «un hogar es mucho más que cuatro paredes». Lo vincula con la seguridad, los vínculos personales y el sentimiento de pertenencia a una comunidad.


El manifiesto recuerda que el sinhogarismo puede implicar pérdidas que van más allá de una vivienda. Entre ellas, menciona las relaciones, las oportunidades, la salud, la confianza y el reconocimiento social. También denuncia el peso de la soledad, el rechazo y la indiferencia.
Las situaciones que permanecen invisibles
La reivindicación también pone el foco en quienes viven en chabolas, caravanas, asentamientos o viviendas cedidas de forma precaria. Estas situaciones resultan menos visibles que dormir en la calle o encadenar alojamientos temporales, según advierte el manifiesto.
El texto cuestiona que la sociedad reduzca a las personas a etiquetas como «sin techo» o «indigente». Frente a esa mirada, reclama que reciban reconocimiento como personas, con derechos y dignidad.
La convocatoria se suma a las advertencias de Cáritas sobre la precariedad y la exclusión social en Castellón. En esta ocasión, la entidad ha situado en el centro el derecho a disponer de un hogar y formar parte de la comunidad.
Más de mil personas atendidas por exclusión residencial
Cáritas Diocesana de Segorbe-Castellón atendió el año pasado a 1.084 personas en situación de exclusión residencial. De ellas, 593 no disponían de ningún tipo de vivienda ni alojamiento.
Las otras 491 personas vivían en habitaciones, infraviviendas o casas de familiares y conocidos. Las cifras reflejan distintas formas de precariedad residencial que la campaña busca hacer visibles.
El manifiesto reclama políticas públicas valientes para garantizar derechos y evitar la exclusión. La reivindicación insiste en que «nadie debería vivir en la intemperie, ni ser excluido, ni privado del derecho de pertenecer».




