Haralabos Voulgaris compró el CD Castellón el 22 de julio de 2022, un día antes de que el club cumpliera cien años de historia. El empresario greco-canadiense aterrizó en el club con experiencia previa en los Dallas Mavericks y un objetivo declarado: devolver al conjunto de La Plana a Primera División, categoría que no pisa desde 1991. El modelo que trajo consigo, basado en datos y no en intuición, ya ha cambiado la forma en que opera una entidad centenaria, y la pregunta es si ese método puede llevarla de nuevo a la élite.
La llegada de Voulgaris al Castellón
Cuando Voulgaris tomó el mando, el Castellón militaba en la tercera categoría del fútbol español. El club jugaba entonces en Primera División RFEF, Grupo 2 y no alcanzaba la máxima categoría desde hacía más de tres décadas. En septiembre de 2022 ya controlaba la práctica totalidad del accionariado.
En julio de 2022 el empresario greco-canadiense adquirió el control del club, convirtiéndose en presidente y máximo accionista; en septiembre ya tenía el 96% de las acciones. La estructura de propiedad quedó así en sus manos, sin un director deportivo clásico entre él y las decisiones de plantilla.
Del baloncesto de la NBA al fútbol español
El perfil de Voulgaris explica buena parte del método. Fue director de investigación y desarrollo cuantitativo de los Dallas Mavericks, y está considerado uno de los apostadores de la NBA más prolíficos del mundo. Antes del fútbol, ya se movía en un terreno cercano al de las Apuestas deportivas y los modelos estadísticos, aplicando análisis de datos a los mercados del deporte profesional.
Esa trayectoria dejó una huella concreta en cómo construye la plantilla. Su filosofía parte de una premisa muy ligada a su pasado en el baloncesto: el jugador que todavía no tiene cartel puede esconder un valor enorme, de ahí la importancia de detectar patrones y tendencias antes de que lo haga el mercado.
Big Data y ojeo tradicional, de la mano
En los despachos de Castalia, la palabra corazonada ha desaparecido del vocabulario. Voulgaris explica que en el club no tienen ojeadores, que no ojean a jugadores de manera tradicional y que no deciden por corazonadas o vídeos sueltos, porque creen que en un mercado tan competitivo la única forma de reducir el margen de error es apoyarse en volúmenes masivos de información objetiva.
El propietario resume su método con una frase reveladora: «Los algoritmos se van actualizando cada minuto de cada partido que se juega». El algoritmo rastrea ligas menores y mercados infravalorados, y así han llegado futbolistas como Rodrigo Rego y Matías Orozco, cedidos por el Brighton, entidad con la que comparten criterios de inteligencia deportiva. Aun así, el método no es absoluto: en las categorías inferiores del club sí emplean los métodos tradicionales.
| Dimensión | Antes de Voulgaris | Con Voulgaris |
| Fichajes | ojeo clásico e intuición | algoritmo y métricas avanzadas |
| Infraestructura | instalaciones en Oropesa | ciudad deportiva propia en Borriol |
| Banquillo | rotación frecuente | continuidad hasta 2029 |
El cambio no afecta a un área aislada, sino que reordena a la vez cómo ficha, dónde entrena y a quién confía el banquillo el club.
Un estilo para ganar, no para empatar
El modelo de datos vino acompañado de una idea de juego muy marcada. La filosofía que el propietario exige para afrontar los partidos es ofensiva y de intentar vencer antes que empatar, arriesgando incluso a sufrir una derrota, dada la diferencia entre sumar 3 puntos o perder solo 1 en caso de no puntuar.
Ese planteamiento se tradujo pronto en resultados. Voulgaris fichó para el banquillo a Dick Schreuder, que introdujo un sistema con solo tres defensas y ultraofensivo que llevó al Castellón a ascender a Segunda División como campeón del Grupo II de Primera RFEF, cuatro jornadas antes del final del campeonato.
Infraestructuras para un proyecto a largo plazo
La apuesta no se queda en el campo. Entre los datos de la Junta General de Accionistas destaca la inversión de casi 2 millones de euros para la compra de los terrenos en La Coma, Borriol, para la nueva ciudad deportiva del club. La parcela tiene una extensión de alrededor de 120.000 metros cuadrados y dará cabida a campos de entrenamiento para el primer equipo, el femenino y las divisiones inferiores.
A esa inversión se suma el estadio, donde el club ha asumido su propia parte del esfuerzo dentro del acuerdo para ampliar Castalia con el Ayuntamiento. El consistorio y el CD Castellón suscribieron la concesión administrativa para la cesión del estadio, y la entidad albinegra se comprometió a aumentar de forma progresiva el aforo en función de la situación deportiva del primer equipo.
Pablo Hernández y la estabilidad en el banquillo
El último pilar del proyecto es la continuidad técnica. El club anunció el 17 de junio de 2026 la renovación de su entrenador hasta 2029, una decisión que cerró cualquier especulación sobre su continuidad tras el play-off de ascenso. Junto a él, Sergi Ripollés, su segundo entrenador, también amplió su vínculo hasta la misma fecha.
El Castellón enmarcó la decisión en su apuesta por mantener la estructura. El presidente Bob Voulgaris valoró la renovación diciendo que están muy satisfechos y que Pablo ha demostrado ser un referente que entiende lo que significa el club, con un trabajo determinante para devolver al equipo al lugar que merece.
El recorrido previo del técnico respalda la elección: su campaña liguera fue histórica, con 20 victorias, diez empates y solo siete derrotas. La web oficial de CD Castellon documenta esa trayectoria junto a una plantilla de muchos debutantes y uno de los valores de mercado más bajos de la categoría.
La combinación de algoritmo, infraestructura propia y un banquillo estable define hoy a un Castellón que ha pasado de la tercera categoría a pelear por la élite en pocas temporadas. Si ese método basta para completar el salto a Primera, lo dirá el próximo tramo de un proyecto que, por ahora, ha convertido a un club centenario en un caso de estudio dentro del fútbol español.





