Enagás sella de forma definitiva los 13 pozos del Castor tras invertir 241 millones

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Enagás ha completado el sellado definitivo de los trece pozos del almacenamiento de gas Castor, frente a Vinaròs y Les Cases d'Alcanar, con un coste estimado de 241 millones que deja la infraestructura lista para su desmantelamiento final.

Enagás ha completado el sellado definitivo de los trece pozos del almacenamiento subterráneo de gas Castor, situado frente a las costas de Les Cases d’Alcanar (Tarragona) y Vinaròs (Castellón), con la instalación de tres tapones en cada uno de ellos y un coste estimado de 241 millones de euros.

La compañía ha explicado que esta valoración económica está pendiente aún de las certificaciones finales de obra. Con estos trabajos ha dado cumplimiento al mandato del Ministerio para la Transición Ecológica, derivado del acuerdo aprobado por el Consejo de Ministros en 2019 para cerrar de forma ordenada esta infraestructura.

Fin del sellado y paso al desmantelamiento

Con la clausura de los pozos, Enagás ha completado una de las etapas más relevantes del proceso abierto tras la hibernación técnica del almacenamiento. Esta fase deja ahora la estructura preparada para el desmantelamiento definitivo de las instalaciones de superficie, tanto marinas como terrestres, que constituye el siguiente paso del calendario previsto.

La empresa ha indicado que todas las operaciones de sellado se han ejecutado conforme a los criterios ambientales y de seguridad fijados en la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto. Además, ha recalcado que se han seguido en todo momento las exigencias de la legislación española vigente, lo que incluye controles específicos para minimizar riesgos durante las maniobras realizadas en los pozos.

El proceso ha requerido trabajos sucesivos bajo el mar y en tierra, ya que cada pozo ha recibido tres tapones de seguridad. Esta configuración busca garantizar que no exista posibilidad de reutilización ni de fugas de gas en el futuro, y que el abandono de la instalación se realice en condiciones permanentes de seguridad.

Un proyecto marcado por los seísmos

El origen de la hibernación del Castor se sitúa en 2014, cuando se decidió suspender su actividad tras los seísmos registrados en la zona un año antes. Aquellos movimientos sísmicos se asociaron a la operación del almacenamiento, lo que llevó a paralizar la inyección de gas y a revisar la viabilidad del proyecto.

En 2017, el Gobierno central, entonces en manos del PP, optó por no reabrir las instalaciones. Tomó esta decisión tras recibir un informe encargado al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y a la Universidad de Harvard, que analizaba el riesgo de nuevos terremotos vinculados a la actividad del almacén.

El plan de desmantelamiento del Castor se ha articulado en varias fases. Primero se desarrolló una fase 0, que incluyó un estudio preliminar del activo y un análisis de riesgos con diferentes alternativas técnicas. Como resultado se elaboró un plan de hibernación que permitió iniciar el proceso en marzo de 2015.

En esa etapa inicial se llevó la infraestructura a una situación de presión mínima de gas, reduciendo al máximo el contenido del almacenamiento. Después se ejecutaron trabajos de preservación de equipos para mantenerlos en condiciones adecuadas de seguridad y operatividad durante el periodo de hibernación.

Posteriormente se procedió al sellado temporal de los pozos, que ha dado paso a la fase actual de sellado y abandono definitivo. Este último tramo ha culminado ahora con la instalación de los tres tapones en cada uno de los trece pozos, paso imprescindible para poder avanzar hacia el desmantelamiento completo.

Además de los pozos subterráneos, el almacenamiento Castor cuenta con dos grandes instalaciones de superficie. Por un lado, la planta de operaciones en tierra ubicada en el término municipal de Vinaròs, que ha servido de base logística y de control. Por otro, la estructura marítima superior, situada en aguas territoriales españolas a 21,6 kilómetros de la costa del mar Mediterráneo, donde se localizan los cabezales de los pozos y parte de los equipos principales.

La culminación del sellado definitivo no implica todavía la desaparición inmediata de estas infraestructuras, pero sí supone un hito técnico y administrativo clave. A partir de ahora, los trabajos deberán centrarse en desmantelar de forma progresiva las instalaciones de superficie, lo que cerrará un proyecto energético que ha marcado durante años la actualidad de la costa de Castellón y Tarragona.