El otoño acaba de comenzar y con él llega uno de los mejores momentos del año para volver a mirar hacia el interior de la provincia de Castellón. Las temperaturas más suaves permiten caminar durante horas, recorrer cascos históricos y descubrir paisajes de montaña que durante el verano pueden quedar en segundo plano frente a las playas.
Castellón ofrece además una particularidad que multiplica las posibilidades de una excursión: en pocos kilómetros se puede pasar del Mediterráneo a pueblos situados a más de mil metros de altitud. La Diputación destaca precisamente la diversidad del interior provincial, con patrimonio histórico, espacios naturales, gastronomía y una extensa red de senderos.
Morella, una ciudad detrás de las murallas
Pocas localidades ofrecen una llegada tan reconocible como Morella. El castillo aparece mucho antes de alcanzar el casco urbano, levantado sobre la roca y rodeado por una población encerrada tras aproximadamente dos kilómetros de muralla medieval.
Una jornada permite recorrer las calles porticadas, acercarse a la Basílica de Santa María la Mayor, contemplar el acueducto y subir hasta el castillo, situado a más de mil metros de altitud. Desde la parte superior se abre una panorámica de montañas que ayuda a entender la posición estratégica que tuvo Morella durante siglos.
El otoño añade otro aliciente. Els Ports es tierra de bosques, productos de montaña y una gastronomía especialmente asociada a los meses más fríos.
Vilafamés, calles que suben hasta el castillo
Más cerca de la costa aparece Vilafamés, uno de esos pueblos que conviene recorrer sin demasiada prisa. Su casco antiguo asciende por una ladera hasta alcanzar un castillo de origen musulmán que domina la parte alta de la localidad.
La historia del municipio va mucho más atrás. En su término se han encontrado vestigios de presencia neandertal y yacimientos paleolíticos, mientras que entre los principales puntos de interés actuales figuran la iglesia de la Asunción, la iglesia de la Sangre y el propio castillo.
La combinación de calles estrechas, casas tradicionales y vistas sobre el entorno convierte Vilafamés en una escapada fácil de plantear para una mañana o una jornada completa.
Culla, piedra e historia en el Alt Maestrat
Culla conserva buena parte de la imagen que uno espera encontrar en un pueblo medieval de montaña. Su historia documentada atraviesa el periodo musulmán, la conquista cristiana y el dominio de las órdenes del Temple y Montesa.
El antiguo castillo tuvo una importancia estratégica considerable hasta quedar prácticamente destruido durante las guerras carlistas del siglo XIX. Su desaparición parcial no ha borrado, sin embargo, la personalidad del conjunto histórico.
Pasear por Culla permite combinar patrimonio y paisaje. En los alrededores aparecen encinas, barrancos, fuentes y caminos que atraviesan un territorio modelado durante siglos por la agricultura y la ganadería.
Ares del Maestrat, un pueblo a los pies de la Mola
La silueta de Ares del Maestrat está condicionada por la enorme muela rocosa que se levanta sobre el núcleo urbano. En su parte superior permanecen los restos del castillo, mientras que bajo la roca se distribuyen las calles de una localidad que conserva elementos medievales y posteriores.
En el recorrido urbano aparecen los porches, la antigua cárcel, la iglesia, restos de murallas y la Cova. El término municipal se mueve aproximadamente entre los 700 y los 1.300 metros de altitud, lo que explica su paisaje de montaña y las fuertes diferencias de temperatura respecto a las zonas costeras.
A ello se añade uno de los grandes patrimonios de la zona: el arte rupestre levantino, con conjuntos como los de la Cova Remigia.
Navajas, agua y naturaleza junto al Palancia
El Alto Palancia ofrece una alternativa diferente. Navajas creció históricamente ligada a sus manantiales y al atractivo de un entorno verde que la convirtió en destino de veraneo mucho antes de la expansión del turismo moderno.
Su lugar más conocido es el Salto de la Novia, aunque la visita puede extenderse por otros espacios naturales y fuentes del municipio. Frente a la cascada se encuentra además la Cueva del Reloj, llamada así por una formación rocosa cuya sombra servía tradicionalmente como referencia horaria para los agricultores.
Cuando el verano termina, estos recorridos recuperan atractivo para quienes prefieren caminar sin las temperaturas más altas de julio y agosto.
Segorbe, patrimonio en el Alto Palancia
Segorbe permite plantear una excursión más urbana sin abandonar el interior. Su peso histórico se reconoce en las torres, las murallas, la catedral y las calles del centro.
La localidad funciona además como punto de partida para recorrer el Alto Palancia, una comarca atravesada por el río y salpicada de fuentes, parajes naturales y municipios como Jérica, Viver, Altura o Navajas.
Es una alternativa especialmente cómoda para quienes quieren combinar patrimonio, gastronomía y un paseo por la naturaleza sin realizar una ruta exigente.
Vistabella, a los pies del Penyagolosa
Vistabella del Maestrat lleva la escapada hasta uno de los territorios más montañosos de Castellón. La proximidad del Penyagolosa y de Sant Joan convierte el municipio en una puerta de entrada a pinares y paisajes de altura.
Su término conserva además masías, arquitectura de piedra en seco, fuentes, restos históricos y productos estrechamente vinculados al territorio, desde la patata de Vistabella hasta la trufa y diferentes especies de setas.
Son siete opciones muy distintas, pero todas permiten descubrir otra provincia cuando desaparece el calor más intenso. Castellón no termina en su litoral y el comienzo del otoño vuelve a abrir la temporada de escapadas hacia sus montañas.




