Un equipo de investigación de la Universitat Jaume I de Castellón (UJI) ha formulado una nueva composición bioestimulante capaz de proteger los cultivos frente a condiciones ambientales adversas y mejorar el rendimiento de las cosechas. El avance, liderado por Carolina Clausell Terol y Aurelio Gómez Cadenas, se orienta directamente al sector agrícola y biotecnológico por su viabilidad industrial y su bajo coste de producción.
El compuesto incorpora partículas de prolina encapsuladas en sílice. La prolina es un aminoácido —una molécula que forma parte de las proteínas— que ayuda a las plantas a soportar situaciones de estrés como la sequía, las altas temperaturas o la salinidad. Al encapsularla en sílice, el equipo investigador logra protegerla y administrarla de forma controlada.
Según explican desde el grupo de Ecofisiología y Biotecnología, la clave está en la liberación progresiva del compuesto. «La liberación de folina de forma controlada», señalan, «activa los mecanismos naturales de defensa de la planta y mejora su tolerancia a la sequía, las altas temperatura o la salinidad, entre otros tipos de estrés. De esta forma se reduce el daño y ayuda a mantener su crecimiento y producción».
Bioestimulante agrícola: qué significa y por qué es relevante
Un bioestimulante no es un fertilizante convencional ni un pesticida. Se trata de un producto que estimula los procesos naturales de la planta para mejorar su desarrollo y resistencia sin modificar genéticamente el cultivo. En un contexto marcado por el cambio climático y el aumento de fenómenos extremos, este tipo de soluciones gana protagonismo en el sector agrícola.
El proceso de obtención del nuevo compuesto se realiza mediante suspensión acuosa y secado por atomización. Este sistema consiste en pulverizar una solución líquida para transformarla en polvo seco de forma rápida y uniforme. Según el equipo investigador, se trata de un procedimiento económico, reproducible y fácilmente escalable, es decir, que puede ampliarse a nivel industrial sin perder eficacia ni elevar costes de manera significativa.
Además, la encapsulación protege el ingrediente activo frente a la degradación térmica —la pérdida de propiedades por efecto del calor— y garantiza su liberación controlada, lo que permite una acción prolongada y más eficiente en el cultivo.
Una tecnología preparada para el salto al mercado
La composición ya se ha validado a escala experimental en laboratorio y cuenta con solicitud de patente europea, un paso clave para su futura explotación comercial. El equipo busca ahora la colaboración de empresas del ámbito agrícola y biotecnológico para adaptar la tecnología a aplicaciones específicas y formalizar acuerdos de licencia.
En opinión del personal investigador, «es una tecnología sencilla y fácilmente escalable a nivel industrial», lo que facilita su implantación en explotaciones agrícolas sin necesidad de infraestructuras complejas.
La investigación se ha desarrollado en el marco del Programa AGROALNEXT, con apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Unión Europea NextGenerationEU y la Generalitat Valenciana. En el proyecto también han participado Jimmy Sampedro Guerrero y Vanessa Almache Avendaño.
Desde la propia UJI, a través de su Servicio de Gestión de la Investigación y Transferencia y el Vicerrectorado de Transferencia, Innovación y Divulgación Científica, se impulsa la transferencia de conocimiento hacia el tejido productivo, una estrategia que ya ha generado otras iniciativas de innovación aplicada en el ámbito agroalimentario.
Más información institucional sobre programas de innovación y transferencia puede encontrarse en el portal oficial de la Universitat Jaume I.




