«Mi hija estudia medicina en Ucrania pero ahora no están estudiando porque están haciendo coctails molotov. Yo quiero que venga aquí, conmigo, y podría hacerlo porque está en Chernivtzi, cerca de la frontera con Rumanía, pero dice que ahora, le daría vergüenza irse y dejar su país». Este es el testimonio de Yevgenia, una ucraniana que vive y trabaja en Castellón y ve con angustia cómo nada puede hacer por convencer a su hija de 21 años de que abandone el país en conflicto.
Yevgenia vive estos días pegada a las pantallas del móvil y atenta a cualquier comunicación que le llega de su país. Y es que además de a su hija, Tamara, también tiene en ese mismo país a su madre, Valentina de 73 años.
De su madre, hace más de dos días que no sabía nada cuando contactó con Actualitat Valenciana y aunque vecinos con los que sí ha podido hablar intentan calmarla, diciéndole que esa zona aún está tranquila, la cercanía de la zona donde reside su madre con Bielorrusa, tampoco la tranquiliza demasiado. «A los bielorrusos han llegado ya cartas para presentarse en ejército», explica.
Yevgenia cuenta con una mezcla de nervios y emoción cómo la gente está respondiendo con lo que puede para parar los tanques. Explica que su hija, y otras compañeras de la facultad de medicina estaban recogiendo botellas para hacer los coctail molotov y que sus compañero «chico» – precisa- se han ido otras regiones para ayudar a luchar y que con los coctails que preparan intentan impedir, como sea, que avancen los tanques rusos.
Desde la distancia, es difícil convencer a su hija de que se ponga a salvo. Cuenta que las colas para cruzar la frontera desde regiones fronterizas que podrían permitir acceso a otros países, «son ya de muchas horas y cada vez más largas».
Mientras hablamos, nos manda un mapa de su país donde nos marca con un punto rojo las ciudades donde tiene a su hija y a su madre. Tamara, a escasos kilómetros de una frontera que, al menos sobre el mapa, podría ponerla a salvo, y Valentina, de la que aún no tiene ni noticias, pese a que les ha pedido que cada día se comuniquen con ella al menos dos veces, en otra región fronteriza pero en este caso, de donde están reclamando más soldados para combatir.
Insiste en que quiere ayudar, y quiere que se sepa aquí lo que está pasando en su país.

Por otro lado, comparte también las imágenes que le envían de ciudadanos civiles que se ponen desarmados frente a los tanques rusos, y apunta con cierta emoción «dicen que algunos conductores sí han dado marcha atrás».
«La gente ha salido a la calle para ponerse frente de cola de la maquinaria de los enemigo y les están diciendo que “ apaga el motor porque ya no darás ni un paso , no nos moveremos de aquí” . Y si, hay casos que los soldados rusos daban marcha atrás». concluye.

