Representantes de las víctimas de la dana de Valencia de 2024 han explicado que cada nueva alerta de lluvia revive el miedo. Han afirmado que una alerta naranja en la zona cero se ha convertido en sinónimo de desconfianza y angustia. Por ello han reclamado que los avisos estén bien medidos, sean certeros, se comuniquen con claridad y no incluyan información errónea.
Estos testimonios se han escuchado en la última jornada de la conferencia internacional ‘De la crisis a la recuperación: fortaleciendo la resiliencia regional’. El encuentro lo han organizado el Gobierno y la OCDE y ha reunido a comunidades afectadas por diferentes desastres. En este marco se ha celebrado un diálogo con portavoces de las tres principales asociaciones de afectados por la catástrofe del 29 de octubre de 2024.
En el acto han participado también la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, y la comisionada de Salud Mental del Gobierno, Belén González. La presencia de responsables institucionales ha permitido trasladar directamente estas demandas sobre el sistema de alertas. Además, ha servido para poner el foco en las secuelas emocionales que persisten casi dos años después.
Preocupación por la gestión y las secuelas
Los representantes de los damnificados han recordado que la dana de 2024 dejó 233 muertos en la provincia de Valencia. Han señalado que, a pocas semanas del segundo aniversario, en algunos aspectos se encuentran algo mejor. Sin embargo, han lamentado que el proceso para aclarar lo ocurrido no avanza al ritmo esperado.

Han denunciado que, con la convocatoria de elecciones generales, ha decaído la que consideran la única comisión de investigación seria sobre la gestión de la dana, la del Congreso. Según han explicado, esta comisión era clave para analizar decisiones, responsabilidades y posibles fallos en la prevención y respuesta. También han lamentado la cancelación de una visita a la zona que tenían prevista varios eurodiputados.
Los portavoces han insistido en que las recientes alertas por lluvias en la Comunitat Valenciana no se viven igual en todas partes. Han subrayado que en la zona cero de las inundaciones el impacto emocional es mucho mayor. Cada aviso meteorológico intenso reactiva el recuerdo de la tragedia y la sensación de inseguridad.
Uno de los testimonios más gráficos lo ha aportado Elisabet González, presidenta de la Asociación de Damnificados por la DANA Horta Sud. Ha contado que su hijo le pregunta si están seguros cada vez que reciben una alerta, aunque viven en un segundo piso. Esa duda constante ilustra, según ella, el miedo instalado en muchas familias.
‘Cualquier día de lluvia me pide que no vaya a trabajar, y cada vez que llueve o truena, piensa en no salir de casa’, ha relatado González. Ha recordado que durante la dana permaneció cuatro días aislada hasta poder reunirse con su familia. En ese tiempo estuvo 48 horas sin que sus allegados tuvieran noticias de ella.
Los afectados han defendido que las alertas meteorológicas son necesarias para prevenir daños, pero han advertido de sus efectos psicológicos. Por eso han pedido que los avisos se ajusten mejor al riesgo real en cada zona y se expliquen con detalle. Consideran que una comunicación más precisa puede evitar tanto el pánico innecesario como la desconfianza cuando los pronósticos fallan.




