La llegada del otoño convierte los montes del interior de Castellón en uno de los destinos preferidos de quienes disfrutan saliendo a buscar setas. Las lluvias después del verano, combinadas con temperaturas suaves y humedad suficiente en el suelo, favorecen la aparición de numerosas especies en pinares, encinares, prados y otras zonas forestales.
El macizo de Penyagolosa es uno de los espacios de especial interés micológico de la provincia. De hecho, la Diputación de Castellón ha dedicado una publicación específica, Bolets del massís de Penyagolosa, a divulgar su riqueza micológica, con información sobre las características de las especies, sus hábitats y las épocas en las que aparecen.
Pero ¿cuáles son las setas que pueden encontrarse con mayor frecuencia o que resultan más conocidas entre los aficionados? Estas son algunas de las especies que forman parte de la cultura micológica y gastronómica del territorio.
Níscalo o rovellón, uno de los grandes protagonistas
El níscalo (Lactarius deliciosus), conocido también como rovellón, es probablemente una de las setas más populares entre los aficionados. La propia Acadèmia Valenciana de la Llengua recoge «rovelló» como equivalente de níscalo o mízcalo.
Se reconoce habitualmente por sus tonos anaranjados y por las zonas concéntricas que aparecen en el sombrero. Al cortarlo desprende un látex de color anaranjado y algunas partes pueden adquirir posteriormente tonalidades verdosas. Es una especie asociada fundamentalmente a los bosques de coníferas, por lo que los pinares constituyen uno de sus hábitats característicos.
Su aparición se concentra especialmente durante el otoño y puede prolongarse mientras las condiciones de humedad y temperatura sigan siendo favorables.
Boletus, uno de los géneros más apreciados
Los boletus se encuentran entre las setas con mayor prestigio gastronómico. Dentro de este grupo existen diferentes especies y no todas tienen el mismo interés culinario, por lo que identificarlas correctamente resulta imprescindible.
Boletus edulis es una de las especies comestibles más conocidas. Su presencia está asociada a diferentes tipos de bosque y su fructificación depende mucho de las precipitaciones y de las temperaturas registradas durante las semanas anteriores.
Una de sus características más llamativas es que debajo del sombrero no presenta las habituales láminas de otras setas, sino una superficie formada por pequeños poros. Sin embargo, esta característica por sí sola nunca debe utilizarse para decidir si un ejemplar puede consumirse.
Seta de cardo
La seta de cardo (Pleurotus eryngii) es otra especie muy valorada en la cocina. A diferencia de los níscalos, que están estrechamente vinculados a los pinares, esta especie suele aparecer en terrenos abiertos y está relacionada con las raíces muertas de determinadas plantas, especialmente el cardo corredor.
Puede encontrarse durante el otoño cuando las condiciones son adecuadas y destaca por su sombrero de tonalidades pardas y su carne consistente.
Parasol
La Macrolepiota procera, conocida como parasol o apagador, llama especialmente la atención por su tamaño. Cuando está completamente desarrollada presenta un gran sombrero extendido que puede recordar precisamente a un parasol.
Su pie es largo y estilizado y el sombrero presenta escamas pardas. Es una especie conocida por los aficionados, pero su recolección exige especial precaución debido a la existencia de especies de menor tamaño con las que un recolector sin experiencia puede confundirse.
Senderuela
La senderuela (Marasmius oreades) suele aparecer formando grupos en prados y zonas herbosas. En ocasiones los ejemplares crecen formando círculos o arcos, los conocidos popularmente como «corros de brujas».
Es una seta de tamaño relativamente pequeño y apreciada gastronómicamente, pero precisamente su tamaño hace especialmente importante no recolectarla si existen dudas sobre su identificación.
Rebozuelo
El rebozuelo (Cantharellus cibarius) es otra de las especies conocidas por los aficionados a la micología. Destaca por sus tonalidades amarillas o amarillento-anaranjadas y por una forma que puede recordar a un pequeño embudo cuando alcanza su desarrollo.
En lugar de auténticas láminas presenta pliegues que descienden hacia el pie, uno de los caracteres empleados para su identificación. Como sucede con el resto de especies silvestres, reconocer únicamente una característica nunca es suficiente para garantizar que un ejemplar sea comestible.
El tiempo determina cada temporada de setas
No existe una fecha exacta que marque el comienzo de la temporada micológica en Castellón. Las precipitaciones, la humedad acumulada, la altitud y las temperaturas condicionan cada año la aparición de las distintas especies.
Por eso, una temporada puede comenzar con fuerza en unas zonas de la provincia mientras que en otras la presencia de setas continúa siendo escasa. También puede haber diferencias importantes entre las áreas costeras y las zonas montañosas del interior.
La regla fundamental para cualquier aficionado es sencilla: una seta silvestre solo debe consumirse cuando su identificación sea completamente segura. El color, el lugar donde aparece o una fotografía comparada en internet no bastan para determinar por sí solos si una especie es comestible.




