Un estudio identifica nuevas señales para prevenir la psicosis en adolescentes

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La investigación relaciona síntomas de TDAH, depresión y conducta suicida con un mayor riesgo de desarrollar estados mentales asociados a la psicosis

Dos investigaciones desarrolladas por el Grupo TXP de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) de Castellón han identificado nuevas señales que pueden ayudar a detectar de forma temprana el riesgo de psicosis durante la adolescencia. Los trabajos relacionan los síntomas de TDAH, la depresión y la conducta suicida con una mayor presencia de Estados Mentales de Alto Riesgo (EMAR).

El equipo investigador ha realizado un seguimiento durante dos años a 697 adolescentes de entre 11 y 15 años. Los resultados se han publicado en las revistas científicas Frontiers in Psychiatry y European Child & Adolescent Psychiatry. El objetivo ha sido analizar qué factores psicológicos pueden aparecer antes de que se desarrolle una psicosis y cómo evolucionan estas señales con el paso del tiempo.

Los investigadores Antonio Jovaní, Gonzalo Haro y Francisca Castellano, junto con otros miembros del Grupo TXP, han estudiado especialmente la relación entre los síntomas de hiperactividad e impulsividad y los estados considerados de mayor vulnerabilidad psicológica.

Qué son los Estados Mentales de Alto Riesgo

Los llamados Estados Mentales de Alto Riesgo de psicosis pueden incluir experiencias como desconfianza, aislamiento, pensamiento paranoide o cambios en la forma de expresarse. Sin embargo, su aparición no significa que un adolescente tenga una psicosis ni que vaya a desarrollarla necesariamente.

Antonio Jovaní, psiquiatra y doctorando de la CEU Escuela Internacional de Doctorado CEINDO, explica que «el EMAR es una situación de especial vulnerabilidad psicológica en la que aparecen experiencias poco habituales como síntomas psicóticos atenuados o intermitentes: desconfianza, aislamiento, pensamiento paranoide, cambios en la manera de expresarse…».

El investigador insiste en que estas experiencias pueden desaparecer con el tiempo. Por este motivo, considera prioritario detectar el malestar y ofrecer atención cuando sea necesaria, en lugar de establecer etiquetas de manera prematura.

Los resultados muestran una asociación especialmente significativa con el TDAH. Entre los adolescentes incluidos en el grupo EMAR, el 68,4 % presentaba TDAH combinado, frente al 6,6 % registrado entre los participantes considerados controles sanos.

Además, conforme aumentaba el nivel de riesgo también aparecían con mayor frecuencia problemas emocionales y de comportamiento, ansiedad, depresión e ideación suicida.

El estudio detecta diferencias entre chicos y chicas

Los investigadores también han observado diferencias según el sexo. Entre las chicas, la hiperactividad, la impulsividad y las dificultades emocionales mostraron una relación mayor con los estados de riesgo.

Entre los chicos, en cambio, los síntomas depresivos y los pensamientos suicidas presentaron una asociación más intensa con el desarrollo posterior de estados vinculados al riesgo de psicosis.

Jovaní destaca que «el mensaje principal que nos aportan los resultados es que debemos prestar atención a las señales de malestar psicológico durante la adolescencia, no para poner etiquetas, sino para escuchar, comprender y ofrecer apoyo cuando sea necesario».

La investigación se enmarca en las líneas de trabajo sobre salud mental adolescente desarrolladas por el Grupo TXP de la Universidad CEU Cardenal Herrera, que estudia distintos factores relacionados con la aparición temprana de problemas psicológicos durante esta etapa.

Un riesgo que puede evolucionar con el tiempo

El seguimiento durante dos años también ha permitido comprobar que el riesgo psicológico no permanece necesariamente estable. Al terminar el periodo de estudio, alrededor del 3 % de los adolescentes se encontraba en un estado considerado de riesgo. Sin embargo, solo el 0,9 % de quienes inicialmente no presentaban riesgo había pasado a esta situación.

Además, de los 19 adolescentes que inicialmente formaban parte del grupo de mayor riesgo, únicamente tres permanecían en ese mismo nivel dos años después.

Los investigadores han observado que la depresión, los síntomas de hiperactividad e impulsividad y la planificación suicida se encuentran entre las señales que mejor permiten identificar a los adolescentes que posteriormente presentan mayores niveles de riesgo.

Francisca Castellano, psicóloga del Grupo TXP y codirectora de la tesis de Antonio Jovaní, señala que «estos resultados nos recuerdan que la salud mental de los adolescentes debe contemplarse de una manera global».

Según añade, «las dificultades emocionales, los problemas de atención e impulsividad y la conducta suicida pueden formar parte de una misma realidad de sufrimiento que necesita ser escuchada».

La detección temprana, clave para la prevención

Los dos estudios apuntan a que el riesgo relacionado con la salud mental adolescente puede fluctuar, desaparecer o coexistir con otras dificultades emocionales y conductuales.

Por este motivo, los investigadores consideran necesario reforzar la detección temprana y adaptar la atención a las circunstancias concretas de cada menor. Entre los espacios especialmente relevantes sitúan los centros educativos y los servicios comunitarios.

Esta línea de investigación ya había analizado otros factores vinculados al riesgo psicológico durante la adolescencia, entre ellos las experiencias traumáticas durante la infancia, la comunicación familiar y los estilos de crianza. Estos elementos forman parte del trabajo que el equipo desarrolla para avanzar en la prevención de los problemas de salud mental entre los jóvenes.

Gonzalo Haro, psiquiatra y codirector de la tesis, sostiene que «detectar a tiempo la depresión, las dificultades relacionadas con el TDAH o las señales de conducta suicida puede permitir ofrecer apoyo cuando todavía estamos a tiempo de prevenir que el adolescente acabe desarrollando una psicosis como la esquizofrenia o el trastorno bipolar».

Los investigadores subrayan, en cualquier caso, que presentar alguno de estos síntomas no implica que el adolescente vaya a desarrollar una enfermedad mental grave.

Los resultados apuntan, precisamente, a la importancia de observar la evolución de estas señales y ofrecer apoyo cuando sea necesario. El objetivo es identificar situaciones de sufrimiento psicológico sin estigmatizar a los jóvenes y facilitar una intervención temprana adaptada a cada caso.