Caminar por la Sierra de Espadán ya ofrece suficientes motivos para una escapada. Sin embargo, existe un sendero que añade un final inesperado: las ruinas de un antiguo pueblo.
Jinquer es un despoblado perteneciente a Alcudia de Veo que se encuentra en un pequeño valle, bajo los restos de un antiguo castillo de origen árabe. Para alcanzarlo hay que adentrarse a pie en la sierra. Además, es una ruta de alrededor de cinco kilómetros que Turismo Comunitat Valenciana recomienda para senderistas con cierta experiencia.
Un pueblo que quedó vacío
Jinquer llegó a superar el centenar de habitantes a principios del siglo XX y quedó definitivamente despoblado durante la Guerra Civil. Hoy permanecen restos de sus antiguas construcciones. Además, destaca especialmente la iglesia, de la que se conservan los muros perimetrales y parte del altar, aunque ha perdido la cubierta.
El silencio actual contrasta con la vida que debió concentrarse en este pequeño núcleo rural. Caminar entre las ruinas permite reconocer todavía la disposición del antiguo caserío. Así, se puede entender hasta qué punto la sierra estuvo habitada y aprovechada por comunidades que vivían en condiciones muy diferentes a las actuales.
Alcornoques, trincheras y restos de otra época
El camino ofrece además otros elementos de interés. Algunas rutas que conectan Alcudia de Veo con Jinquer atraviesan zonas de alcornoques y permiten localizar restos de trincheras de la Guerra Civil.
Todo ello se encuentra dentro del entorno de la Sierra de Espadán, uno de los grandes espacios naturales del interior de Castellón y especialmente atractivo cuando comienza el otoño.
Conviene, como en cualquier recorrido de montaña, consultar antes de salir el estado del sendero, la previsión meteorológica y las posibles restricciones existentes. Tampoco hay que olvidar que se visita un espacio histórico y natural: las ruinas deben contemplarse sin entrar en estructuras inestables ni alterar los restos.
Jinquer ofrece algo difícil de encontrar en una excursión convencional. El destino no es un mirador ni una cascada. Al final del camino espera un pueblo entero que un día tuvo vecinos y que ahora forma parte del paisaje de la sierra.






