Castellón celebra este domingo el Día Mundial del Turismo con uno de sus grandes argumentos a plena vista: un patrimonio defensivo que aparece tanto junto al Mediterráneo como en las montañas del interior.
Castillos, murallas y fortalezas recuerdan la posición estratégica que tuvo durante siglos un territorio situado entre la costa y los caminos hacia Aragón y Cataluña. Algunos de estos recintos se han convertido en grandes monumentos visitables; de otros permanecen torres, murallas y ruinas que todavía permiten reconocer su importancia.
Peñíscola, un castillo sobre el Mediterráneo
El castillo de Peñíscola ocupa la zona más elevada del peñón sobre el que se asentó la población antigua, a 64 metros sobre el nivel del mar. Fue construido por los templarios sobre restos de una fortificación anterior y posteriormente transformado cuando Benedicto XIII, el Papa Luna, instaló allí su residencia.
La fortaleza mantiene dependencias templarias y pontificias y forma parte inseparable del casco histórico amurallado. La subida permite atravesar las calles blancas de la ciudad antigua antes de alcanzar las terrazas superiores con vistas al Mediterráneo.
Su singularidad procede precisamente de esa combinación: una fortaleza medieval levantada prácticamente sobre el mar que durante el siglo XV llegó a convertirse en residencia papal.
Morella, una fortaleza construida sobre la roca
Si Peñíscola domina el Mediterráneo, Morella hace lo mismo sobre las montañas de Els Ports. Su castillo aprovecha la roca natural y alcanza los 1.072 metros de altitud en su parte superior.
Por este enclave han pasado diferentes culturas y ejércitos y la fortaleza desempeñó un papel destacado en distintos conflictos, incluidas las guerras carlistas. La ascensión atraviesa diferentes niveles hasta alcanzar la plaza de armas, desde donde el casco histórico aparece extendido bajo el visitante.
La visita implica caminar y superar numerosos escalones, pero permite entender por qué controlar esta roca significaba controlar uno de los principales pasos entre el interior y la costa.
Onda y el castillo de las 300 torres
El castillo domina Onda desde una elevación situada junto al casco histórico. Su posición estratégica favoreció la presencia de distintas culturas y el recinto fue ampliándose y transformándose con el paso de los siglos.
La tradición terminó otorgándole el nombre del castillo de las 300 torres, una expresión relacionada con las dimensiones que llegó a alcanzar el sistema defensivo de la localidad. En la actualidad, dentro del conjunto se encuentra el Museo de Arqueología e Historia Local, que conserva entre sus piezas un destacado conjunto de yeserías musulmanas procedentes de una casa palaciega del siglo XIII.
La visita se puede completar recorriendo el centro histórico de Onda, donde sobreviven otros testimonios de su pasado medieval.
Ares del Maestrat, las ruinas sobre la Mola
El castillo de Ares no conserva la monumentalidad de Peñíscola o Morella, pero pocos lugares explican mejor la relación entre una fortaleza y el terreno que la rodea.
Los restos se encuentran sobre la Mola que domina el municipio. El conjunto conserva murallas, vestigios de distintas épocas y restos de una torre de homenaje. La propia roca formaba parte del sistema defensivo y una cueva excavada en ella atraviesa el macizo durante decenas de metros.
La posición permitía controlar un amplio territorio del Maestrat y explica por qué el enclave tuvo relevancia militar durante distintos periodos.
Vilafamés, un castillo sobre el casco antiguo
El recorrido hasta el castillo de Vilafamés obliga a ascender por las calles del núcleo histórico hasta alcanzar la parte superior de la población.
La fortaleza es de origen musulmán y experimentó diferentes transformaciones después de la conquista cristiana. La villa y el castillo estuvieron vinculados primero a la Orden del Hospital y posteriormente a la de Montesa, mientras que durante el siglo XIX el recinto volvió a sufrir los efectos de las guerras carlistas.
Desde lo alto se obtiene una perspectiva completamente distinta del municipio y de las llanuras que se extienden hacia la costa.
Cinco fortalezas bastan para comprobar cómo cambia el paisaje defensivo de Castellón según el territorio. En Peñíscola, los muros se asoman al Mediterráneo; en Morella y Ares se confunden con la montaña; en Onda recuerdan la importancia de La Plana y en Vilafamés coronan un casco histórico que todavía conserva su estructura tradicional.
Los horarios y condiciones de acceso pueden cambiar a lo largo del año, por lo que conviene comprobarlos en las páginas oficiales antes de organizar la visita, especialmente en los monumentos con entrada.




