Los propietarios de Viveros EsVi, un pequeño vivero familiar de Vilavella (Castellón), han visto cómo el incendio forestal declarado en la Vall d’Uixó ha arrasado sus instalaciones y han reclamado a las administraciones ‘un poquito de ayuda’ para poder volver a empezar y mantener la actividad agrícola de la familia.
Uno de los dueños, Daniel Esteve, ha relatado que el regreso al vivero, tras el desalojo obligado por el avance de las llamas, ha sido un golpe muy duro. Ha contado que, al entrar de nuevo, se quedó desolado al ‘ver todo quemado, todo a pique‘, y que su primera impresión ha sido que allí ‘no hay nada que hacer’.
Pese al impacto inicial, Esteve ha subrayado que no se resigna. Ha destacado que siguen adelante gracias al apoyo que están recibiendo y a la esperanza de que lleguen soluciones que les permitan retomar la actividad. ‘Hay mucha gente buena por ahí y creo que nos podrán dar soluciones para poder llegar a trabajar, que es lo que los agricultores queremos: trabajar y un poquito de ayuda, si puede ser’, ha señalado.
Este vivero funciona como un proyecto familiar desde hace décadas. Por eso, Daniel Esteve ha dejado claro que no quiere que ‘por un fuego’ tengan que abandonarlo todo y marcharse a casa ‘cuando mis padres han estado aquí trabajando y mis hijos nos ayudan cuando pueden’. Ha asegurado que esa continuidad familiar les ‘da la fuerza para seguir adelante‘, aunque ha insistido en que, ‘si puede ser con ayuda, nos vendría muy bien’.
Intento de frenar el fuego y daños totales
El día del incendio, los propietarios trataron de defender el vivero con los medios de que disponían. Daniel Esteve ha recordado que utilizaron mangueras conectadas a una balsa de agua de la que disponen en la parcela, en un intento desesperado por frenar el avance del fuego hacia las instalaciones.
Según ha explicado, la Guardia Civil les ordenó desalojar la zona por motivos de seguridad cuando las llamas se acercaban demasiado. Con el incendio ya fuera de control, continuar allí habría supuesto un grave riesgo personal. ‘Seguir habría sido fatal’, ha reconocido. ‘No estaríamos aquí porque con una manguerita a ver qué puedes hacer’ frente a un incendio de esas dimensiones, ha añadido.
El balance de daños es devastador para este pequeño negocio familiar. Su hermano y copropietario, Manuel Esteve, ha compartido el mismo sentimiento de tristeza y ha explicado que lleva trabajando en el vivero desde los 14 años y que ahora ha cumplido 63. ‘Lo montó mi padre y mi madre, y ahora seguimos nosotros’, ha subrayado, al remarcar la trayectoria de toda una vida ligada a este proyecto agrícola.
Manuel Esteve ha reiterado la ‘frustración’ que siente toda la familia ‘porque lo hemos perdido todo’. Ha detallado que tanto las infraestructuras como las bandejas de los semilleros han quedado completamente calcinadas. También se han quemado la instalación de riego y la maquinaria para sulfatar, elementos esenciales para el funcionamiento diario del vivero.
La familia asume que la recuperación será larga y costosa. Por eso ha pedido apoyo económico y técnico de las distintas administraciones para poder reconstruir las instalaciones y reanudar la producción. Su objetivo es mantener vivo el legado iniciado por sus padres y que ya cuenta con la implicación de la siguiente generación.









