La provincia de Castellón tiene mar y montaña. Tiene huerta y lonja. Tiene trufa del Maestrat y langostino de Vinaròs. Esa combinación la convierte en una de las despensas más completas del Mediterráneo. Y el verano es el momento perfecto para descubrirla.
La Diputación de Castellón lleva años impulsando la marca ‘Castelló Ruta de Sabor’ para proyectar esta riqueza fuera de la provincia. Pero quienes ya la conocen saben que no hace falta ir lejos. Los mejores productos están aquí, y los mejores restaurantes también.
El mar manda en verano
El arroz es el plato rey. Siempre lo ha sido. Pero en Castellón tiene una versión propia que lo hace único. Se prepara con alcachofa de Benicarló, sepionet de playa, rape y langostino de Vinaròs. Se corona con alioli. El resultado es difícil de superar.
El langostino de Vinaròs merece mención aparte. Es uno de los productos más reconocidos de la provincia. Sus aguas frías y profundas le dan una textura y un sabor que lo distinguen de cualquier otro. La ciudad incluso celebra cada año un concurso nacional de cocina dedicado a él.
El suquet de peix es otra referencia imprescindible. Es un guiso marinero de pescado fresco, patatas y base de tomate. Simple, contundente y profundamente mediterráneo. Se encuentra en los restaurantes del Grao de Castellón y en prácticamente todas las localidades costeras de la provincia.
La fideuà cierra el trío de platos de mar. En el Grao la preparan con mariscos frescos de la lonja. Se sirve con alioli y se comparte. Es el plan de domingo por excelencia en la costa castellonense.
Del interior también se come bien
La provincia no es solo litoral. El interior tiene su propia cocina. Y es más desconocida aún.
En el Maestrat y els Ports aparecen las setas, sobre todo los robellones. La trufa negra también tiene presencia en la zona de Catí y sus alrededores. En otoño e invierno son los protagonistas absolutos. En verano quedan en segundo plano, pero algunos restaurantes los ofrecen durante todo el año.
La olla es el guiso más representativo del interior. Cada comarca tiene su versión. Lleva legumbres, verduras y carne procedente de la matanza. Es contundente y sabrosa. Nada que ver con la cocina de la costa, pero igual de auténtica.
Las carnes a la brasa también tienen peso. El cordero que pasta en las tierras altas de la provincia llega a muchas parrillas castellonenses. Es una opción habitual en los restaurantes de interior.
Tres estrellas Michelin en la provincia
Castellón cuenta con tres restaurantes con estrella Michelin. Son una referencia para quienes quieren llevar la experiencia gastronómica al máximo nivel.
Cal Paradís, en Vall d’Alba, está dirigido por el chef Miguel Barrera. Es quizás el más conocido. Barrera trabaja con producto local y de temporada, y combina técnica y raíz en cada plato. Él mismo lo resume bien: ‘Somos la segunda provincia más montañosa de España, pero también tenemos mar y huerta’.
El restaurante Raúl Resino, en Benicarló, tiene también una estrella. Su cocina rinde homenaje a los pescadores y a la lonja local. Lapas, galeras y anchoas de Vinaròs son algunos de sus ingredientes habituales.
El restaurante Atalaya, en Alcossebre, completa el trío. Lo dirigen Alejandra Herrador y Emanuel Carlucci. Su propuesta fusiona creatividad y producto de proximidad, con platos como los raviolis de langostino de Vinaròs con salsa de tomate y aire de queso.
Para más información sobre la oferta gastronómica de la provincia, consulta la web del Patronato de Turismo de la Diputación de Castellón y la sección de gastronomía de Actualidad Castellón.





