El Ministerio de Transportes ha defendido que la fractura del carril se produjo en una soldadura del carril nuevo y que no existieron señales previas detectables antes del accidente ferroviario ocurrido en la línea Madrid-Sevilla.
El titular del departamento ha subrayado que la hipótesis manejada es provisional y que todavía “no se puede decir” cuál fue el origen exacto del fallo, ya que el proceso de análisis técnico continúa abierto y sin conclusiones definitivas.
Fractura súbita y paso de trenes previos
Según las explicaciones ofrecidas, la hipótesis inicial apunta a una fractura súbita del carril que no fue detectada por los sistemas de inspección, lo que habría permitido el paso de varios trenes antes de producirse la rotura definitiva.
Asimismo, se contempla la posibilidad de que la fractura se produjera por torsión cuando el tren ya se encontraba en proceso de descarrilamiento, un extremo que deberá confirmar el análisis del material ferroviario y de la soldadura afectada.
Protocolos de mantenimiento y auscultaciones
Desde Transportes se ha defendido el cumplimiento de los protocolos de seguridad y mantenimiento, destacando que las soldaduras se certifican mediante pruebas de ultrasonidos y revisiones periódicas. Las auscultaciones realizadas en las semanas previas no detectaron anomalías y no constan avisos de maquinistas sobre irregularidades en la vía.
Los registros técnicos reflejan una elevación progresiva dentro de los márgenes de seguridad, que fue aumentando con el paso de trenes sucesivos, lo que dificulta la detección temprana del problema.
Sin conclusiones ni responsabilidades por ahora
El Ministerio ha insistido en que no se pueden extraer conclusiones cerradas ni señalar responsabilidades hasta que finalice la investigación. En este sentido, se ha recalcado que “extraño no es necesariamente sabotaje” y que cualquier actuación se decidirá una vez concluido el análisis técnico.


